HUMEDALES EN PELIGRO

La mala de gestión del agua está detrás de la silenciosa desaparición de los humedales en España. Más en concreto, además del cambio climático, las principales causas son la extracción de aguas, los vertidos y la sobreexplotación de las aguas subterráneas.

Juntas generan impactos en la fauna, en la flora y en la disponibilidad de recursos para el ser humano (agua fresca, prevención frente a desastres naturales, etc). Estas amenazas ponen en riesgo la conservación de las poblaciones de aves en el 83% de las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves (IBA, en sus siglas en inglés) que dependen del agua en España.

Estas tres amenazas son, precisamente, las que más afectan a Doñana, Delta de l’Ebre y l’Albufera de Valencia, los humedales de mayor relevancia ecológica del país. 

DOÑANA

El único humedal español declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y el más extenso del país, sufre el embiste de múltiples amenazas. De todas ellas, la sobreexplotación del acuífero que abastece a la zona está poniendo en tela de juicio la supervivencia del Parque Nacional, amenaza que se suma a las más de 170.000 hectáreas de humedales naturales que han perdido las marismas del Guadalquivir en los últimos 60 años. Se calcula que existen unos 1.000 pozos ilegales, y la superficie de regadío sigue aumentando: en apenas cinco años, entre 2004 y 2009, creció un 18,5% sólo en la zona norte de regadío que rodea el espacio natural.

El acuífero ubicado bajo Doñana se encuentra en una situación precaria. De los 16 sectores en los que se divide, cuatro se hallan en prealerta, ocho en alerta y otros cuatro en alarma, el estado más grave. Lagunas que se secaban de forma puntual ahora se secan todos los veranos, y otras masas de agua, consideradas permanentes, sufren altos grados de desecación que afectan a la superficie de encharcamiento. A ello se añade que los ríos y arroyos que vierten sus aguas a Doñana, como el Guadiamar, han visto alterado su funcionamiento hidrológico: ya no vierten sus aguas de forma permanente sino de forma estacional y su aportación se ha reducido a la mitad. Especies como la cerceta pardilla, un pato que antes reinaba en la marisma, ahora brilla por su ausencia en el espacio, lo que advierte del grave problema al que se enfrenta el espacio y su comunidad ornitológica.

El caso de Doñana no es nuevo en España. Otro Parque Nacional, el de Las Tablas de Daimiel, ha visto cómo las presiones sobre el acuífero han modificado para siempre su singular ecosistema. Es necesario hacer cumplir las obligaciones de fijar y hacer respetar las necesidades hídricas de Doñana, que se limiten los usos y las actividades que afectan a sus aguas subterráneas (especialmente el regadío), y que cesen de forma urgente todas las extracciones ilegales,

Entre otras medidas, SEO/BirdLife insta a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y a la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía a declarar el acuífero de Doñana oficialmente sobreexplotado y a asegurar el cierre definitivo y urgente de todas las explotaciones y extracciones ilegales. De igual modo, es necesario establecer medidas para incentivar la reducción del consumo. 

EL DELTA DE L’EBRE

El extenso delta formado en la desembocadura del río más caudaloso de España conforma un ecosistema dinámico en el que aguas dulces y saladas interactúan para generar un humedal de gran biodiversidad y que el ser humano ha explotado de forma sostenible desde hace siglos. Baste un ejemplo de la importancia de los aportes fluviales al mar: cada metro cúbico por segundo de agua del caudal medio que el Ebro vierte al Mediterráneo en época de puesta propicia al año siguiente unas capturas aproximadas de 114 kilos en la flota pesquera del entorno del Delta.

El mar Mediterráneo, con corrientes oceánicas modestas, es relativamente pobre en nutrientes. Por ello, la riqueza natural depende en gran medida de las aportaciones locales como la del Ebro. El problema es que la cantidad de agua y de sentimientos que llega al mar es cada vez menor. A ello se suman los efectos derivados de la subida del nivel del mar -entre otras cuestiones, como consecuencia del cambio climático- y la erosión de la costa.

No asegurar unos caudales funcionales en la desembocadura solo reincide en problemas ya detectados con anterioridad en otras partes del mundo, como es el caso del Nilo: tras levantarse la presa de Aswan, las pesquerías de sardina se redujeron en un 95%. Los 125 embalses del río Ebro pueden llegar a retener hasta el 60% del volumen anual medio de agua, una presión que se suma a la reducción de caudales por el cambio climático. En cualquier caso, la mera existencia de las infraestructuras provoca que el 99% de los sedimentos que deberían alcanzar el delta no lleguen.

No es posible volver a las condiciones naturales del Delta de l’Ebre antes de la construcción de las grandes presas, pero aún es viable mejorar su situación. Para lograrlo, entre otras medidas, es preciso garantizar un volumen de sedimentos aceptable y un plan de contención de la regresión del delta, respaldado por un plan de gestión integral de movilización de los sedimentos de la cuenca. También han de establecerse los condicionantes ambientales necesarios para que la explotación de los embalses asegure la conservación del delta. Para ello, SEO/BirdLife propone la aprobación de un régimen de caudales que incluya todas las variables: caudales mínimo y máximo permitidos, distribución temporal de los caudales y tasas de cambio, entre otras cuestiones.

Es responsabilidad de la Confederación Hidrográfica del Ebro y de la Generalitat de Cataluña, a través de su Departament de Territori i Sostenibilitat, adoptar estas medidas.

L’ALBUFERA DE VALENCIA

Hasta los años 70, las aguas transparentes dejaban pasar la luz en la laguna, lo que fomentaba la aparición de un tapiz de plantas subacuáticas, verdadero motor de la vida en el humedal y característica que convirtió a l’Albufera en un ecosistema único en Europa.

Hoy en día, la laguna está fundamentalmente poblada por una sopa verde de microalgas que se acumulan en la superficie, lo cual ha oscurecido y enturbiado las aguas, impidiendo que afloren plantas en el subsuelo y, en consecuencia, reduciendo la diversidad piscícola y ornitológica ¿Qué ha ocurrido? La histórica presencia humana en este humedal, gracias a la riqueza de recursos que aportaban los ríos Turia y Júcar, aumentó hace unos 40 años, y el incremento de vertidos industriales y urbanos que acompañó a esa intensificación ha alterado por completo el ecosistema.

Las aguas residuales y los retornos de riego que llegan a l’Albufera aportan al lago cantidades importantes de nitratos y fosfatos, provenientes de productos como fertilizantes y detergentes. Este desequilibrio del ciclo de nutrientes es el campo perfecto para el crecimiento de fitoplancton -las mencionadas microalgas- e impide el normal desarrollo de una comunidad diversa de fitoplancton, zooplancton y otras plantas acuáticas. Si no existe un balance adecuado de los tres componentes, el estado de ecológico de una masa de agua se resiente y, con él, todas las especies que hasta entonces vivían en el espacio natural.

Aunque se han ejecutado medidas paliativas -el nivel de nitratos y fosfatos se ha reducido desde la década de los ochenta-, l’Albufera está aún lejos de alcanzar un estado que se asemeje a sus condiciones naturales. Al igual que ocurre con otro caso dramático, el del Mar Menor, asediado por los vertidos durante años, la vuelta a la casilla de salida solo será posible si se corrige la excesiva entrada de nutrientes, eliminando por completo todos los vertidos directos y la contaminación difusa, y asegurando la entrada de al menos 250 hectómetros cúbicos anuales de agua con bajas concentraciones de nutrientes que renueven el lago. De lo contrario, el deterioro será irreversible. Para evitarlo, es preciso que la Confederación Hidrográfica del Júcar y la Conselleria de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural de la Generalitat Valenciana se pongan manos a la obra.